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lunes, 18 de mayo de 2020

El patito feo



El patito feo

Al igual que todos los años, en los meses de verano, la Señora Pata se dedicaba a empollar. El resto de las patas del corral siempre esperaban con muchos deseos que los patitos rompieron el cascarón para poder verlos, pues los patitos de esta distinguida pata siempre eran los más bellos de todos los alrededores.
El momento tan esperado llegó, lo que causó un gran alboroto ya que todas las amigas de mamá pata corrieron hacia el nido para ver tal acontecimiento. A medida que iban saliendo del cascarón, tanto la Señora Pata como sus amigas gritaban de la emoción de ver a unos patitos tan bellos como esos. Era tanta la algarabía que había alrededor del nido que nadie se había percatado que aún faltaba un huevo por romperse.
El séptimo era el más grande de todos y aún permanecía intacto lo que puso a la expectativa a todos los presentes. Un rato más tarde se empezó a ver como el cascarón se abría poco a poco, y de repente salió un pato muy alegre. Cuando todos lo vieron se quedaron perplejos porque este era mucho más grande y larguirucho que el resto de los otros patitos, y lo que más impresionó era lo feo que era.
Esto nunca le había ocurrido a la Señora Pata, quien para evitar las burlas de sus amigas lo apartaba con su ala y solo se dedicaba a velar por el resto de sus hermanitos. Tanto fue el rechazo que sufrió el patito feo que él comenzó a notar que nadie lo quería en ese lugar.
Toda esta situación hizo que el patito se sintiera muy triste y rechazado por todos los integrantes del coral e incluso su propia madre y hermanos eran indiferentes con él. Él pensaba que quizás su problema solo requería tiempo, pero no era así pues a medida que pasaban los días era más largo, grande y mucho más feo. Además se iba convirtiendo en un patito muy torpe por lo que era el centro de burlas de todos.
Un día se cansó de toda esta situación y huyó de la granja por un agujero que se encontraba en la cerca que rodeaba a la propiedad. Comenzó un largo camino solo con el propósito de encontrar amigos a los que su aspecto físico no les interesara y que lo quisieran por sus valores y características.
Después de un largo caminar llegó a otra granja, donde una anciana lo recogió en la entrada. En ese instante el patito pensó que ya sus problemas se habían solucionado, lo que él no se imaginaba que en ese lugar sería peor. La anciana era una mujer muy mala y el único motivo que tuvo para recogerlo de la entrada era usarlo como plato principal en una cena que preparaba. Cuando el patito feo vio eso salió corriendo sin mirar atrás.
Pasaba el tiempo y el pobrecillo continuaba en busca de un hogar. Fueron muchas las dificultades que tuvo que pasar ya que el invierno llegó y tuvo que aprender a buscar comida en la nieve y a refugiarse por sí mismo, pero estas no fueron las únicas pues tuvo que esquivar muchos disparos provenientes de las armas de los cazadores.
Siguió pasando el tiempo, hasta que por fin llegó la primavera y fue en esta bella etapa donde el patito feo encontró por fin la felicidad. Un día mientras pasaba junto a estanque diviso que dentro de él había unas aves muy hermosas, eran cisnes. Estas tenían clase, eran esbeltas, elegantes y se desplazaban por el estanque con tanta frescura y distinción que el pobre animalito se sintió muy abochornado por lo torpe y descuidado que era él.
A pesar de las diferencias que él había notado, se llenó de valor y se dirigió hacia ellos preguntándole muy educadamente que si él podía bañarse junto a ellos. Los cisnes con mucha amabilidad le respondieron todos juntos:
– ¡Claro que puedes, como uno de los nuestros no va a poder disfrutar de este maravilloso estanque!
El patito asombrado por la respuesta y apenado les dijo:
– ¡No se rían de mí! Como me van a comparar con ustedes que están llenos de belleza y elegancia cuando yo soy feo y torpe. No sean crueles burlándose de ese modo.
– No nos estamos riendo de ti, mírate en el estanque y veras como tu reflejo demostrara cuan real es lo que decimos.- le dijeron los cisnes al pobre patito.
Después de escuchar a las hermosas aves el patito se acercó al estanque y se quedó tan asombrado que ni el mismo lo pudo creer, ya no era feo. ¡Se había transformado en un hermoso cisne durante todo ese tiempo que pasó en busca de amigos! Ya había dejado de ser aquel patito feo que un día huyó de su granja para convertirse en el más bello y elegante de todos los cisnes que nadaban en aquel estanque.

El patito feo.



El mago de Oz



El mago de Oz y Dorita son tal vez algunos de los personajes más famosos de la literatura y el cine. Seguramente te has enterado de esta historia por el cine, pues la película musical fantástica norteamericana El mago de Oz (1939), fue vista por millones de espectadores y se ha convertido en un clásico del séptimo arte, aunque inicialmente fue pensada como una cinta infantil. Lo que convierte a las piezas de arte en clásicos es precisamente su conexión con la realidad y su resistencia al envejecimiento. Quienes regresamos al filme podemos comprobar que la historia del mago de Oz y Dorita continúa ofreciéndonos una enseñanza sobre el amor y la amistad que podemos aprovechar para nuestra vida actualmente en el siglo XXI.

El mago de Oz en libros y películas

No obstante, muchos no saben que realmente el filme El mago de Oz se basa en un libro El maravilloso mago de Oz, escrito en el año 1900 por el norteamericano Lyman Frank Baum e ilustrado por W. W. Denslow. La costumbre de la industria cultural de tomar historias de la literatura y llevarlas a la gran pantalla es muy antigua. Clásicos del cine como Blancanieves, Caperucita roja, La Bella y la Bestia, Hansel y Gretel… nacieron de la pluma de escritores y luego pasaron por el filtro del público. Una vez que los lectores dieron el visto bueno a las historias, hasta convertirlas en éxitos de ventas, los productores y directores de cine apostaron por un producto seguro. Recordemos que la industria del entretenimiento se basa en el reciclaje de historias: toma las palabras y las convierte en imagen y sonido. Esa es la magia del andamiaje del show business.
En el caso del filme El mago de Oz (1939), los estudios de cine norteamericanos Metro-Goldwyn-Mayer no se equivocaron al escoger esta historia que toca la fibra de los televidentes, incluso tantos años después. ¿Sabes por qué muchos siguen admirando la historia de Dorita? Pues porque esta hermosa niña era tan dulce, a pesar de tener una historia de vida complicada que inspira mucho amor. La protagonista de la novela infantil y la película era huérfana, por lo cual, vivía con sus tíos. Además, la acompañaba todo el tiempo una mascota que era muy amorosa: el perro Totó. La historia comienza cuando la niña es arrastrada cielo arriba por un tornado que aparece de la nada. Ante la vista sorprendida de sus tíos, la nena y su mascota se alejan sin dejar rastro de su paradero. Es así como Dorita y Totó llegan a una tierra donde la fantasía es la reina y señora. Si lees el libro sabrás cómo es la vida de la niña cuando se hace amiga de un hombre de hojalata, un espantapájaros, un león y otros seres increíblemente pintorescos. Este grupo de personajes gracioso tiene una gran cantidad de aventuras increíbles que harán que te diviertas muchísimo.

Un largo camino y unos amigos nuevos

Cuando Dorita se vio fuera de la casa de sus tíos sintió miedo, porque nunca había estado sola por tanto tiempo y tan lejos. Entristecida con la idea de no poder ver nunca más a los únicos familiares que le quedaba en la vida, la niña desesperada pidió un deseo: encontrar el camino a su hogar. Para lograrlo, la protagonista y su mascota fueron a ver al único personaje que podía resolver semejante situación alocada: el mago de Oz.
Durante el recorrido que la niña y el perro emprendieron para conocer al ser que los sacaría de apuros ambos se encontraron con una serie de personajes conforman la historia de este cuento. En primer lugar se toparon con un espantapájaros que necesitaba un cerebro. Luego, un hombre de hojalata que rogaba por un corazón. Por último, estaba en el camino un león muy cobarde, que se sintió intimidado por el perrito de Dorita. Como notarás, cada uno de los personajes tenía un deseo muy fuerte que querían satisfacer para ser felices. Todos emprendieron juntos el camino, esperando que el famoso mago de Oz los ayudara.
Luego de innumerables aventuras cada uno de ellos conquistó sus metas, volviéndose más fuertes y confiados en sí mismos. ¿Quieres saber cómo termina la historia? Pues Dorita despierta de un sueño y se da cuenta de que todo es producto de su imaginación.

El mago de Oz

En una granja de Kansas es donde sucede esta historia. Se trata de Dorita, una niña que junto a su perro Totó fue atrapada por un tornado y trasladada hasta tierras muy lejanas.
Para sorpresa de Dorita había llegado a un mundo poblado por seres extraños. ¡Tenía que encontrar el camino a su casa! Así fue preguntando cómo hacerlo hasta que un hada le recomendó consultar al mago de Oz.
¿Cómo hallarlo?-Sigue el camino de las baldosas amarillas-le dijo el hada.
En el recorrido para llegar hasta el mago de Oz, Dorita y su perro Totó se encontraron a un espantapájaros que clamaba por tener un cerebro. Al no poder ayudar a su nuevo amigo, la niña lo invitó a caminar juntos para encontrar al mago y pedirle un consejo.
También se les unió un hombre de hojalata. Este se encontraba triste porque quería un corazón y no encontraba la forma de solucionar su problema. Más tarde, hallaron a un león que a diferencia de los de su especie era miedoso. Entonces, le invitaron a ver al mago de Oz para que este le ayudara.
Después de mucho andar y vivir muchas aventuras, Dorita, Totó, el espantapájaros, el hombre de hojalata y león llegaron al país del mago de Oz donde fueron recibidos por un guardián. Tras preguntar qué quería, los dejó pasar.
El mago de Oz escuchó atentos los deseos de sus visitantes y les dijo que los ayudaría si vencían a una bruja que causaba muchas molestias a su reino. Los nuevos amigos aceptaron.
A salir para cumplir su encomienda, los cinco amigos pasaron por un campo de amapolas y el aroma de estas flores los durmió. Tal situación permitió que unos monos, mensajeros de la bruja, los atraparan y llevaran con la malvada.
Por casualidad, y debido a su miedo, cuando Dorita vio a la bruja le lanzó un cubo de agua a la cara. Tal acción hizo que la bruja se volviera un charco de agua. Y es que esa era la solución para terminar con los hechizos que habían azotado al país del mago de Oz.
Al morir la bruja, el hombre de hojalata, el león y el espantapájaros vieron cumplidos sus deseos. Sin embargo, Dorita y Totó no había podido regresar a su granja en Kansas.
La curiosidad de Totó hizo que Dorita descubriera que el mago de Oz era un anciano que deseaba retirarse a un lugar donde pudiera retirarse. Dorita lo siguió en esta travesía y juntos emprendieron un vuelo en globo.
La travesía cambió su rumbo cuando Totó se cayó del globo y ella saltó tras él. Mientras caía, Dorita somó con sus amigos y escuchó cómo el hada le decía que pensara en lo bien que se estaba en el hogar.
La niña pensó con todas sus fuerzas:-No hay lugar más feliz que la casa propia.
Al abrir sus ojos se encontró otra vez en Kansas. Escuchó la voz de sus tíos y corrió a abrazarlos. Dorita solo había estando soñando pero vivió en ese mundo de fantasía una experiencia inolvidable.

El mago de Oz


Los Tres Cerditos



Los tres cerditos

Autor: Anónimo
Edades: A partir de 6 años
Valores:  ingenio, esfuerzo, trabajo, inteligencia
Había una vez tres hermanos cerditos que vivían en el bosque. Como el malvado lobo siempre los estaba persiguiendo para comérselos dijo un día el mayor:

- Tenemos que hacer una casa para protegernos de lobo. Así podremos escondernos dentro de ella cada vez que el lobo aparezca por aquí.

A los otros dos les pareció muy buena idea, pero no se ponían de acuerdo respecto a qué material utilizar. Al final, y para no discutir, decidieron que cada uno la hiciera de lo que quisiese.

El más pequeño optó por utilizar paja, para no tardar mucho y poder irse a jugar después.

El mediano prefirió construirla de madera, que era más resistente que la paja y tampoco le llevaría mucho tiempo hacerla. Pero el mayor pensó que aunque tardara más que sus hermanos, lo mejor era hacer una casa resistente y fuerte con ladrillos.

- Además así podré hacer una chimenea con la que calentarme en invierno, pensó el cerdito.

Cuando los tres acabaron sus casas se metieron cada uno en la suya y entonces apareció por ahí el malvado lobo. Se dirigió a la de paja y llamó a la puerta:

- Anda cerdito se bueno y déjame entrar...

- ¡No! ¡Eso ni pensarlo!

- ¡Pues soplaré y soplaré y la casita derribaré!

Y el lobo empezó a soplar y a estornudar, la débil casa acabó viniéndose abajo. Pero el cerdito echó a correr y se refugió en la casa de su hermano mediano, que estaba hecha de madera.

- Anda cerditos sed buenos y dejarme entrar...

- ¡No! ¡Eso ni pensarlo!, dijeron los dos

- ¡Pues soplaré y soplaré y la casita derribaré!

El lobo empezó a soplar y a estornudar y aunque esta vez tuvo que hacer más esfuerzos para derribar la casa, al final la madera acabó cediendo y los cerditos salieron corriendo en dirección hacia la casa de su hermano mayor.

El lobo estaba cada vez más hambriento así que sopló y sopló con todas sus fuerzas, pero esta vez no tenía nada que hacer porque la casa no se movía ni siquiera un poco. Dentro los cerditos celebraban la resistencia de la casa de su hermano y cantaban alegres por haberse librado del lobo:

- ¿Quien teme al lobo feroz? ¡No, no, no!

Fuera el lobo continuaba soplando en vano, cada vez más enfadado. Hasta que decidió parar para descansar y entonces reparó en que la casa tenía una chimenea.

- ¡Ja! ¡Pensaban que de mí iban a librarse! ¡Subiré por la chimenea y me los comeré a los tres!

Pero los cerditos le oyeron, y para darle su merecido llenaron la chimenea de leña y pusieron al fuego un gran caldero con agua.

Así cuando el lobo cayó por la chimenea el agua estaba hirviendo y se pegó tal quemazo que salió gritando de la casa y no volvió a comer cerditos en una larga temporada.


Los tres cerditos









La Bella Durmiente


La bella durmiente


Autor: Charles Perrault
Edades: A partir de 4 años
Valores: esperanza, paciencia


Érase una vez un rey y una reina que aunque vivían felices en su castillo ansiaban día tras día tener un hijo. Un día, estaba la Reina bañándose en el río cuando una rana que oyó sus plegarias le dijo.

- Mi Reina, muy pronto veréis cumplido vuestro deseo. En menos de un año daréis a luz a una niña.

Al cabo de un año se cumplió el pronóstico y la Reina dió a luz a una bella princesita. Ella y su marido, el Rey, estaban tan contentos que quisieron celebrar una gran fiesta en honor a su primogénita. A ella acudió todo el Reino, incluidas las hadas, a quien el Rey quiso invitar expresamente para que otorgaran nobles virtudes a su hija. Pero sucedió que las hadas del reino eran trece, y el Rey tenía sólo doce platos de oro, por lo que tuvo que dejar de invitar a una de ellas. Pero el soberano no le dio importancia a este hecho.

Al terminar el banquete cada hada regaló un don a la princesita. La primera le otorgó virtud; la segunda, belleza; la tercera, riqueza.. Pero cuando ya sólo quedaba la última hada por otorgar su virtud, apareció muy enfadada el hada que no había sido invitada y dijo:

- Cuando la princesa cumpla quince años se pinchará con el huso de una rueca y morirá.

Todos los invitados se quedaron con la boca abierta, asustados, sin saber qué decir o qué hacer. Todavía quedaba un hada, pero no tenía poder suficiente para anular el encantamiento, así que hizo lo que pudo para aplacar la condena:

- No morirá, sino que se quedará dormida durante cien años.

Tras el incidente, el Rey mandó quemar todos los husos del reino creyendo que así evitaría que se cumpliera el encantamiento.

La princesa creció y en ella florecieron todos sus dones. Era hermosa, humilde, inteligente… una princesa de la que todo el que la veía quedaba prendado.



Llegó el día marcado: el décimo quinto cumpleaños de la princesa, y coincidió que el Rey y la Reina estaban fuera de Palacio, por lo que la princesa aprovechó para dar una vuelta por el castillo. Llegó a la torre y se encontró con una vieja que hilaba lino.

- ¿Qué es eso que da vueltas? - dijo la muchacha señalando al huso.

Pero acercó su dedo un poco más y apenas lo rozó el encantamiento surtió efecto y la princesa cayó profundamente dormida.

El sueño se fue extendiendo por la corte y todo el mundo que vivía dentro de las paredes de palacio comenzó a quedarse dormido inexplicablemente. El Rey y la Reina, las sirvientas, el cocinero, los caballos, los perros… hasta el fuego de la cocina se quedó dormido. Pero mientras en el interior el sueño se apoderaba de todo, en el exterior un seto de rosales silvestres comenzó a crecer y acabó por rodear el castillo hasta llegar a cubrirlo por completo. Por eso la princesa empezó a ser conocida como Rosa Silvestre.

Con el paso de los años fueron muchos los intrépidos caballeros que creyeron que podrían cruzar el rosal y acceder al castillo, pero se equivocaban porque era imposible atravesarlo.

Un día llegó el hijo de un rey, y se dispuso a intentarlo una vez más. Pero como el encantamiento estaba a punto de romperse porque ya casi habían transcurrido los cien años, esta vez el rosal se abrió ante sí, dejándole acceder a su interior. Recorrió el palacio hasta llegar a la princesa y se quedó hechizado al verla. Se acercó a ella y apenas la besó la princesa abrió los ojos tras su largo letargo. Con ella fueron despertando también poco a poco todas las personas de palacio y también los animales y el reino recuperó su esplendor y alegría.

En aquel ambiente de alegría tuvo lugar la boda entre el príncipe y la princesa y éstos fueron felices para siempre.

La bella durmiente



Rapunzel






Autor: Hermanos Grimm
Edades: A partir de 6 años
Valores: valentía, amor

Había una vez un matrimonio que llevaba tiempo pidiendo a Dios tener un hijo, y por eso la esposa creyó que muy pronto se lo concedería.

Un día estaba la mujer asomada a la ventana de su casa cuando fijó la vista en el jardín de al lado. Era un jardín precioso, lleno de flores de todas las especies, pero al que nadie se atrevía a entrar porque era propiedad de una malvada hechicera. El caso es que de entre todas las flores que había ella se quedó hipnotizada mirando los ruiponces frescos y verdes que había plantados y empezó a sentir una terrible necesidad de probarlos. Tal fue esa necesidad, que comenzó a entristecer.

- ¡Moriré si no pruebo los ruiponces del jardín de la bruja!, le dijo a su marido

Como su marido la quería mucho, decidió arriesgarse y saltar al otro lado del jardín.

Volvió a casa con los ruiponces y su mujer se los comió ansiosa. Pero al día siguiente le pidió más. Aunque el hombre sabía que era peligroso, no podía negárselos. De modo que volvió a cruzar a por más ruiponces. Pero esta vez la bruja lo vio...

- ¡Qué haces? ¿Cómo osas robarme mis ruiponces?

- ¡ Lo siento, de verdad, lo siento! ¡No me hagáis nada malo por favor!

- Te dejaré marchar, pero tendrás que cumplir un trato. Tendrás que entregarme el hijo de tu mujer en cuanto nazca.

El hombre estaba tan atemorizado que ni siquiera lo pensó y contestó que sí.

Pasado un tiempo la mujer dio a luz a una hermosa niña, a la que le pusieron de nombre Rapunzel, en honor a los ruiponces que tanto gustaban a su madre.

Cuando la niña cumplió doce años la bruja la condujo a una torre muy alta que estaba en el bosque. En ella no había ni puerta, ni escaleras, sino tan sólo una pequeña ventana. Por lo que cada vez que la bruja quería subir gritaba:

- ¡Rapunzel, deja caer tus cabellos!

Y la princesa descolgaba sus largos y finísimos cabellos por la ventana para que la bruja trepase por ellos.

 Un día, estaba la joven cantando desde lo alto de la torre cuando el hijo del rey, que pasaba por allí la oyó. Quedó conmovido por una voz tan dulce pero por más que miró por todos los rincones no acertó a saber de dónde procedía.

Volvió todos los días al bosque en busca de esa delicada melodía cuando vio a la bruja que se acercaba a la torre y llamaba a Rapunzel para que le lanzara sus cabellos. Por lo que el príncipe esperó a que la bruja se fuera para hacer él lo mismo:

- ¡Rapunzel, deja caer tus cabellos!

Y Rapunzel descolgó por la ventana su larga trenza.

La joven se asustó mucho cuando lo vio aparecer en la torre, pero rápidamente cogió confianza con él y estuvieron muy a gusto charlando. El príncipe le contó la historia de cómo había llegado hasta allí y le preguntó si estaría dispuesta a casarse con él. Rapunzel aceptó encantada porque pensó que el príncipe la cuidaría mucho y la haría muy feliz.

De modo que todas las noches el príncipe iba a ver a Rapunzel en secreto sin que la bruja supiera nada.

Pero un día, cuando Rapunzel ayudaba a la bruja a subir, sin querer dijo:

-¿Cómo es que tanto me cuesta subirla ? El hijo del rey sube en menos de un minuto.

- ¿¿Qué?? Así que me has estado engañando eh?

Y la bruja estaba tan furiosa y tan enfadada que cogió unas tijeras, cortó el largo cabello de Rapunzel y la mandó a un lugar muy muy lejano.

Al día siguiente cuando el príncipe regresó para ver a su amada y le pidió que lanzara sus cabellos, la bruja lo esperaba en la torre. Soltó la trenza de Rapunzel por la ventana y cuando el príncipe llegó a la torre se encontró con ella.

- ¡Nunca volverás a ver a Rapunzel!, y diciendo esto la bruja soltó un maleficio que lo dejó ciego.

El príncipe estuvo mucho tiempo perdido por el bosque, pues no encontraba el camino al palacio, cuando un día llegó al lejano lugar en el que encontraba Rapunzel. Ella lo reconoció al instante, corrió a abrazarlo y no pudo evitar soltar una lágrima cuando vio que estaba ciego por su culpa.

Pero fue esa lágrima la que rompió el hechizo y devolvió la visión al príncipe y juntos volvieron a palacio y vivieron felices por siempre.


Rapunzel



Blancanieves



Edades: A partir de 4 años
Un día de invierno la Reina miraba cómo caían los copos de nieve mientras cosía. Le cautivaron de tal forma que se despistó y se pinchó en un dedo dejando caer tres gotas de la sangre más roja sobre la nieve. En ese momento pensó:

- Cómo desearía tener una hija así, blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabellos negros como el ébano.

Al cabo de un tiempo su deseo se cumplió y dio a luz a una niña bellísima, blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y con los cabellos como el ébano. De nombre le pusieron Blancanieves, aunque su nacimiento supuso la muerte de su madre.

Pasados los años el rey viudo decidió casarse con otra mujer. Una mujer tan bella como envidiosa y orgullosa. Tenía ésta un espejo mágico al que cada día preguntaba:

- Espejito espejito, contestadme a una cosa ¿no soy yo la más hermosa?

Y el espejo siempre contestaba:

- Sí, mi Reina. Vos sois la más hermosa.

Pero el día en que Blancanieves cumplió siete años el espejo cambió su respuesta:

- No, mi Reina. La más hermosa es ahora Blancanieves.

Al oír esto la Reina montó en cólera. La envidia la comía por dentro y tal era el odio que sentía por ella que acabó por ordenar a un cazador que la llevara al bosque, la matara y volviese con su corazón para saber que había cumplido con sus órdenes.

Pero una vez en el bosque el cazador miró a la joven y dulce Blancanieves y no fue capaz de hacerlo. En su lugar, mató a un pequeño jabalí que pasaba por allí para poder entregar su corazón a la Reina.

Blancanieves se quedó entonces sola en el bosque, asustada y sin saber dónde ir. Comenzó a correr hasta que cayó la noche. Entonces vio luz en una casita y entró en ella.

Era una casita particular. Todo era muy pequeño allí. En la mesa había colocados siete platitos, siete tenedores, siete cucharas, siete cuchillos y siete vasitos. Blancanieves estaba tan hambrienta que probó un bocado de cada plato y se sentó como pudo en una de las sillitas.

Estaba tan agotada que le entró sueño, entonces encontró una habitación con siete camitas y se acurrucó en una de ellas.

Bien entrada la noche regresaron los enanitos de la mina, donde trabajaban excavando piedras preciosas. Al llegar se dieron cuenta rápidamente de que alguien había estado allí.

- ¡Alguien ha comido de mi plato!, dijo el primero
- ¡Alguien ha usado mi tenedor!, dijo el segundo
- ¡Alguien ha bebido de mi vaso!, dijo el tercero
- ¡Alguien ha cortado con mi cuchillo!, dijo el cuarto
- ¡Alguien se ha limpiado con mi servilleta!, dijo el quinto
- ¡Alguien ha comido de mi pan!, dijo el sexto
- ¡Alguien se ha sentado en mi silla!, dijo el séptimo

Cuando entraron en la habitación desvelaron el misterio sobre lo ocurrido y se quedaron con la boca abierta al ver a una muchacha tan bella. Tanto les gustó que decidieron dejar que durmiera.


Al día siguiente Blancanieves les contó a los enanitos la historia de cómo había llegado hasta allí. Los enanitos sintieron mucha lástima por ella y le ofrecieron quedarse en su casa. Pero eso sí, le advirtieron de que tuviera mucho cuidado y no abriese la puerta a nadie cuando ellos no estuvieran.

La madrastra mientras tanto, convencida de que Blancanieves estaba muerta, se puso ante su espejo y volvió a preguntarle:

- Espejito espejito, contestadme a una cosa ¿no soy yo la más hermosa?
- Mi Reina, vos sois una estrella pero siento deciros que Blancanieves, sigue siendo la más bella.

La reina se puso furiosa y utilizó sus poderes para saber dónde se escondía la muchacha. Cuando supo que se encontraba en casa de los enanitos, preparó una manzana envenenada, se vistió de campesina y se encaminó hacia montaña.

Cuando llegó llamó a la puerta. Blancanieves se asomó por la ventana y contestó:

- No puedo abrir a nadie, me lo han prohibido los enanitos.
- No temas hija mía, sólo vengo a traerte manzanas. Tengo muchas y no sé qué hacer con ellas. Te dejaré aquí una, por si te apetece más tarde.

Blancanieves se fió de ella, mordió la manzana y… cayó al suelo de repente.

La malvada Reina que la vio, se marchó riéndose por haberse salido con la suya. Sólo deseaba llegar a palacio y preguntar a su espejo mágico quién era la más bella ahora.


- Espejito espejito, contestadme a una cosa ¿no soy yo la más hermosa?
- Sí, mi Reina. De nuevo vos sois la más hermosa.

Cuando los enanitos llegaron a casa y se la encontraron muerta en el suelo a Blancanieves trataron de ver si aún podían hacer algo, pero todos sus esfuerzos fueron en vano. Blancanieves estaba muerta.

De modo que puesto que no podían hacer otra cosa, mandaron fabricar una caja de cristal, la colocaron en ella y la llevaron hasta la cumpre de la montaña donde estuvieron velándola por mucho tiempo. Junto a ellos se unieron muchos animales del bosque que lloraban la pérdida de la muchacha. Pero un día apareció por allí un príncipe que al verla, se enamoró de inmediato de ella, y le preguntó a los enanitos si podía llevársela con él.

A los enanitos no les convencía la idea, pero el príncipe prometió cuidarla y venerarla, así que accedieron.

Cuando los hombres del príncipe transportaban a Blancanieves tropezaron con una piedra y del golpe, salió disparado el bocado de manzana envenenada de la garganta de Blancanieves. En ese momento, Blancanieves abrió los ojos de nuevo.

- ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?, preguntó desorientada Blancanieves
- Tranquila, estáis sana y salva por fin y me habéis hecho con eso el hombre más afortunado del mundo.

Blancanieves y el Príncipe se convirtieron en marido y mujer y vivieron felices en su castillo.

Colorín colorado este cuento se a acabado.


Blancanieves



domingo, 17 de mayo de 2020

La Sirenita

La sirenita 



Cuentan que no hace mucho tiempo, un joven pescador zarpó como cada mañana rumbo al mar en busca de peces, a bordo de su vieja, pero resistente embarcación. Luego de varias horas sin lograr atrapar presa alguna en sus redes, el pescador se quedó dormido a plena luz del día, y al cabo de unos minutos, despertó con desconcierto para comprobar que se había alejado mucho de la costa.
Una vez arribada la embarcación a la orilla, el joven notó que apenas podía empujarla hacia la arena. Al buscar entre las redes echadas al mar, pudo comprobar con gran sorpresa que en ellas se encontraba atrapada una extraña criatura que permanecía inconsciente. A primera vista, parecía una mujer de cabellos dorados y radiantes, aunque lo más raro era que no tenía pies, sino una cola de pez que se movía a merced de las olas.
Tras recoger las redes y asentarse sobre la arena, el joven quedó un buen rato observando el rostro fino de la mujer, sus manos, sus ojos cerrados, su piel tan delicada, y sin atreverse a despertarla, decidió regresar con ella a casa lo antes posible. Una vez que el pescador arribó con la misteriosa muchacha en sus brazos, y cuando por fin la acomodó en su humilde cama, esta abrió los ojos.
“Soy una sirena” – dijo la criatura con una voz melodiosa y dulce fijando sus bellos ojos verdes en la mirada atónita del pescador. Desde entonces, el jovenzuelo no hizo otra cosa que dedicarse a su nueva compañera, y aunque salía a pescar como de costumbre cada mañana, siempre regresaba apresurado a casa para encontrarse con la sirena y compartir juntos el botín de peces. En las tardes, el pescador la bañaba con agua de mar para que no perdiera su hermosura, y en las noches, ella entonaba hermosas melodías hasta quedar dormidos uno junto al otro.
Con el paso del tiempo, muchas personas acudían a la pequeña casita del pescador para conocer a la hermosa sirena, e incluso, no faltaron personas aprovechadas que intentaron llevársela. Primero fue un entrenador de circo, luego un director de zoológico, y más tarde, un excéntrico coleccionista. El pescador recibía ofertas de dinero muy tentativas, pero jamás cedió ante ninguna propuesta, pues para él, compartir su vida con la sirena era lo más maravilloso del mundo.
Cierta mañana en que la sirena se encontraba descansando a la sombra, el pescador notó que su bella amada no se sentía bien, y al preguntarle el motivo de su tristeza, esta le respondió: “He pasado muy buenos momentos a tu lado, pero me invade una nostalgia profunda por visitar el mar y reunirme con mi familia. Tal vez tú pudieras ayudarme”.
Al comienzo, el pescador se negó rotundamente a separarse de la sirena, pero al ver que su melancolía iba en aumento, no tuvo otro remedio que levantarse bien temprano en la mañana y zarpar junto con ella hacia el mar. Después de un largo rato navegando, el pescador se quedó dormido, y al despertar, tuvo una gran aflicción en su corazón, pues la sirena ya no se encontraba en su barca, sino que se había deslizado hacia el mar para no volver nunca más.
Desde ese momento, la tristeza del joven pescador fue cada vez peor. Ya no salía temprano en las mañanas ni se molestaba en tirar sus redes al mar en busca de peces. Tan desconsolado andaba el desdichado, que solamente tenía fuerzas para recorrer la costa en busca de su amada, y así quedaba durante horas mirando el horizonte, cantando las canciones que ella le regalaba cada noche. Las personas que habitaban el lugar sentían mucha lástima por el pescador, e incluso, algunas se atrevían a decir que este había perdido por completo la razón.
¡Pobre pescador! ¡Qué desdicha el amor! – exclamaban grandes y chicos cuando pasaban cerca del mar y contemplaban al jovenzuelo enamorado caminando de un lado al otro de la orilla. Así, un día tras de otro, llegaron a pasar cinco años de angustia, y durante todo ese tiempo, el pescador nunca volvió a tener noticias de la sirena.
Cegado por la luz del sol y famélico de no comer, un buen día, el pescador recobró el brillo en sus ojos cuando avistó a lo lejos una extraña figura que se movía entre las olas. La misteriosa silueta se acercaba cada vez más a la costa, pero el joven no podía saber si se trataba de un pez gigante o una embarcación a la deriva. Cuando por fin estuvo lo suficientemente cerca, el pescador alzó sus brazos al cielo y dibujó una débil sonrisa en sus labios. ¡Era la sirena! Su hermosa amada de cabellos dorados volvía a su encuentro, y cuando por fin se abrazaron rodeados de espuma, la muchacha le comentó:
“He venido a llevarte conmigo. En el fondo del mar podremos vivir muy felices hasta el fin de los días”. Sin embargo, y a pesar de su ilusión, el pescador sabía que jamás podría irse a vivir a las profundidades del mar, pero su amada le reveló un secreto maravilloso que ningún humano sobre la tierra conocía, y es que, si una persona logra tocar los labios de una sirena, podrá respirar bajo el agua para siempre.
Así fue que, sumidos en un largo y profundo beso, los dos amantes lograron adentrarse en las aguas del mar y desaparecer del mundo para vivir felices por el resto de sus días. Las personas del lugar, nunca más volvieron a saber del joven, algunos cuentan que se ahogó en el mar, otros aseguran que zarpó en su barca y desapareció en el horizonte, pero ahora ya conoces la verdadera historia del pescador y la sirena varada.


La Sirenita